martes, 1 de julio de 2008


La joven Cassandra miró su corsé como la sangre y un gran escalofrío recorrió su cuerpo, loca de tanta ira y tanto miedo comenzó a arrancar su corsé tan finamente colocado, su falda blanca de princesa, y se deshizo el complicado recogido del pelo. Cayó de rodillas gritando salvajemente mientras los empleados del castillo la miraban atemorizados, pensando que la linda princesa de hielo había perdido su cordura y compostura habituales.
Pasaron varios minutos cuando llegó Damian y corrió hasta el lugar donde la princesa estaba, acurrucada, medio desnuda.
- Cassandra, ¿qué le ha ocurrido, princesa?
Ella alzó la cabeza lentamente y le miró directamente a los ojos, con los suyos cargados de miedo y dolor, tenía la cara llena de rasguños de sus propias uñas pero ni una sola lágrima rodaba por sus mejillas. Él la cogió en sus brazos y la llevó con pasos apresurados a la primera habitación que encontró en el castillo...

--> Ésta es solo una parte del relato que estoy escribiendo ahora [entre otros, como siempre]

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