Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de agosto de 2008

Por variar





Para la niña de los ojos tristes todo era vacío. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentirse viva con el gran sentido que esta palabra tiene, aunque solo los que la han perdido loconocen. La vida es todo, es ilusión, es ganas de levantarse, de sonreír, de llorar, de perder o de ganar, de comerse el mundo, de cometer locuras, de atreverse, de acobardarse... la vida es lo bueno y lo malo y estás muerto cuando no tienes sensaciones ni sentimientos. Así se sentía ella.
Entonces sonó el teléfono. Lo dejó sonar. Espero a que alguien lo cogiera pero nadie lo hizo y finalmente descolgó el auricular. La voz de él sono fría, sin sentimientos, un golpe para ella, pero se armó de valor y contestó. La conversación no duró más que unos segundos y a ella le había dado un vuelco el corazón, su frío y muerto corazón. Se encontraron junto con todos los demás en un parque desierto. A ella le pareció que solo existía él y todos los demás eran un sueño o quizá todo fuese una pesadilla. Le observaba de reojo, mirando sin mirar, con dulzura, con dolor, intentando darle con una mirada todo lo que no podía. Nunca podría.
Entonces llego una chica. No era impresionante, pero era guapa. La conocía poco, tenía fama de ligerita de cascos, de lanzarse a cualquier ser vivo al cuello, siempre para morder aunque no siempre de la misma forma. Le abrazo, le sonrío con picardía, él la miraba con su falsa indiferencia. Y ella sentía la rabia, el dolor, el miedo, la fuerza renovada y la fragilidad... sentía tanto que se sintió desbordar y de nuevo volvió el vacío, pero estaba vez dolía como cien puñales.

martes, 1 de julio de 2008


La joven Cassandra miró su corsé como la sangre y un gran escalofrío recorrió su cuerpo, loca de tanta ira y tanto miedo comenzó a arrancar su corsé tan finamente colocado, su falda blanca de princesa, y se deshizo el complicado recogido del pelo. Cayó de rodillas gritando salvajemente mientras los empleados del castillo la miraban atemorizados, pensando que la linda princesa de hielo había perdido su cordura y compostura habituales.
Pasaron varios minutos cuando llegó Damian y corrió hasta el lugar donde la princesa estaba, acurrucada, medio desnuda.
- Cassandra, ¿qué le ha ocurrido, princesa?
Ella alzó la cabeza lentamente y le miró directamente a los ojos, con los suyos cargados de miedo y dolor, tenía la cara llena de rasguños de sus propias uñas pero ni una sola lágrima rodaba por sus mejillas. Él la cogió en sus brazos y la llevó con pasos apresurados a la primera habitación que encontró en el castillo...

--> Ésta es solo una parte del relato que estoy escribiendo ahora [entre otros, como siempre]